domingo, 30 de junio de 2013

Fragmentos Nº121: Entrevistas breves con hombres repulsivos




David Foster Wallace 
Entrevistas breves con hombres repulsivos

Resultaba degradante; la persona deprimida se sentía degradada. Contaba que le resultaba degradante llamar a amigas de su infancia mediante conferencias a larga distancia en plena noche, cuando estaba claro que tenían otras cosas que hacer vidas que vivir y relaciones vibrantes, saludables, íntimas y llenas de cariño con parejas atentas; resultaba degradante y patético estar disculpándose constantemente por aburrirlas o sentir que tenía que darles las gracias efusivamente por el mero hecho de ser amigas suyas. Los padres de la persona deprimida se habían repartido finalmente el coste de su ortodoncia; sus abogados habían contratado los servicios de un mediador profesional para organizar el acuerdo.

Fragmentos Nº120: La segunda vida de Viola Wither



Stella Gibbons

La segunda vida de Viola Wither

Estaba sentado delante de su barraca, trabajando en las fases finales de su Oso con Cachorros. Había pasado una hora idílica disparando a los pájaros con un tirachinas y había derribado a una paloma que pretendía comerse para el almuerzo; ahora se estaba cociendo, junto con cuatro hermosas patatas que había robado del huerto del coronel Phillips, en una lata encima del fuego.

sábado, 29 de junio de 2013

Novedades, junio de 2013: Anagrama (II)



Capital de John Lanchester

ISBN 978-84-339-7863-9
PVP con IVA 24.90 €
Nº de páginas 608
Colección  Panorama de narrativas
Traducción Antonio-Prometeo Moya

Todos viven o trabajan en una calle de Londres; algunos se conocen, otros no, pero casi todos acabarán cruzándose. Roger Yount es un banquero de la City que espera una prima anual suficiente para pagar su segunda vivienda; ya tiene dos coches y también quisiera tener dos mujeres.

viernes, 28 de junio de 2013

El pantano de las mariposas de Federico Axat



Sam Jackson reside en Carnival Falls en una casa de acogida junto con otros huérfanos, todos ellos a cargo de Amanda, la cual se encarga de su cuidado y educación. En el pueblo conoce a Billy, un chico peculiar e inteligente del cual es amigo desde hace mucho tiempo, también conoce a Miranda, una chica que se muda al pueblo con sus padres cargados de secretos.

miércoles, 26 de junio de 2013

XIX Premio Arcebispo Juan San Clemente para Petros Márkaris por Liquidación final



El premio ha sido concedido al escritor griego Petros Márkaris, destacaron la «crítica política a la sociedad actual en Grecia, cuyas similitudes con España nos hacen la novela más cercana» y la «sencillez predominante, complejidad de los temas y la constante intriga». Una trama policial con la crisis griega y el fraude fiscal de telón de fondo, ha ganado el premio en la categoría de mejor obra en lengua extranjera.

La «Trilogía de la Crisis», que se inició Con el agua al cuello (2011, Premio Negra y Criminal) y prosiguió con la galardonada Liquidación final (2012), ha merecido el aplauso de la crítica y de los lectores, y culminará con la novela Pan, educación, libertad, que saldrá a la venta en septiembre de este año.

El premio, destinado a distinguir la mejor novela en lengua española. Este espacio dedicado a la narrativa tiene como objetivo convertir a los alumnos de secundaria en protagonistas a la hora de otorgar un Premio Literario ya que el jurado de este certamen está formado por estudiantes del Instituto 'Rosalía de Castro' de Santiago y de cuatro centros más de Galicia, elegidos por sorteo. El galardón tiene una dotación económica de 3.000 euros.

Extractos:

Ya que tenemos un pequeño viaje por delante, me desentiendo del trayecto e intento concentrarme en mis pensamientos. Resulta que los hechos confirman mi intuición. Me he topado con un asesinato. Y no con un asesinato cualquiera, sino con el de un médico de renombre, lo que significa que tendré que vérmelas con clínicas, científicos y periodistas que no dejarán de importunarme a cada paso. En resumen, todos los ingredientes para meterme en líos. Trato de convencerme de que debo desempeñar mi trabajo sin pensar en las consecuencias, pero no me resulta fácil. Hace años que me hice a la idea de que me jubilaría con mi grado actual, y no me importaba. Ahora que se ha abierto una ventanita al ascenso, intento que no se me cierre. De repente, estoy asustado y empiezo a comprender a Guikas, siempre preocupado por no pifiarla.
Trato de apartar estos pensamientos para centrarme en el caso. Por lo que he averiguado hasta el momento, Korasidis era un hombre problemático, muy controvertido y, en consecuencia, con muchos enemigos. Puede que ésta sea la razón por la que alguien decidió matarlo, pero no explica el modus operandi. Lo lógico hubiera sido dispararle con un arma de fuego o golpearle con algún objeto pesado. El asesino, sin embargo, le inyectó veneno en la nuca. Un detalle significativo, como también lo es que lo abandonaran en el cementerio del Cerámico. No se me quita de la cabeza que lo mataron en otra parte, quizá para que no pueda procesarse el escenario del crimen, pero ¿dónde? Por otro lado, ¿por qué trasladaron el cadáver al Cerámico? No puedo responder a ninguna de las dos preguntas; es demasiado pronto. No hago más que marear la perdiz. Cuando vuelvo a mirar por la ventanilla, descubro que nos encontramos en una gran avenida.
—¿Dónde estamos? —pregunto a Vlasópulos.
—En la avenida Teseo. Mirto cae un poco más adelante, a la izquierda.

Liquidación final / Tusquets Editores (2012)

martes, 25 de junio de 2013

Novedades, junio de 2013: Tusquets Editores



Adiós a Bech de John Updike

NARRATIVA (F). Novela
Junio 2013
Andanzas CA 811
ISBN: 978-84-8383-484-8
País edición: España
304 pág.
17,30 € (IVA no incluido)

Envejecer, morir… Ley de vida, dicen. Pero la literatura tiene sus propias leyes, como bien sabe Henry Bech, el escritor judío, álter ego ácido y entrañable de John Updike, que encara la recta final de la vida con el mismo desparpajo de siempre. En esta última entrega de sus desventuras, Bech visita la Praga anterior a la caída del Muro y atisba la peculiar complejidad de un mundo que muere y otro que nace; rememora un antiguo pleito con un representante de Hollywood que le demanda por haberlo llamado sanguijuela, o algo peor; se convierte en presidente de una apolillada institución cultural; emprende una cruzada contra los críticos que le han macerado a lo largo de los años… y se lía con su asesora informática, a la que triplica en edad. Y, bien entrado en la setentena, cuando acaba de ser padre… le conceden el Premio Nobel. Digno colofón a esta apoteósica despedida de la trilogía que se iniciaba con Un libro de Bech y continuaba con Bech ha vuelto.


Henry Bech, el semidesconocido escritor norteamericano, que había cumplido sesenta y tres años en el corriente de 1986, se sentía sosegado, como un gran señor, en la espléndida Residencia, en uno de cuyos extremos le habían cedido una suite durante la semana de su visita cultural a este díscolo puesto avanzado del imperio soviético. Dada su condición de judío, tenía muy presentes a los antiguos propietarios, aquellos plutócratas desaparecidos, sin duda personas exquisitas y plurilingües, que con tal lastimosa confianza, entre las convulsiones de la edad dorada de la Diáspora de la Europa central (que no debe confundirse con la edad dorada de la España sarracena ni con los buenos tiempos vividos bajo los príncipes polacos), habían levantado su palacio al filo del abismo. Para un judío, desplazarse por la Europa de posguerra es moverse entre muchedumbres de espectros, inmensas multitudes animadas que, desde 1945, ya no están ahí, no lo están, se han esfumado. El roce suave como una pluma de esas ausencias misteriosas se siente en todas partes. En el centro de la Praga antigua, el reloj del ayuntamiento judío que, con las sinagogas adyacentes, Hitler pretendió conservar como reliquias de una raza exterminada, todavía va hacia atrás para regocijo de los turistas de ambos lados del Telón de Acero. El cementerio que hay allí, con sus cuatro siglos de difuntos amontonados por las presiones del gueto, y las lápidas entremezcladas como naipes gigantes en una baraja que estuviera siendo barajada, conmovió menos a Bech que el cementerio judío más reciente, en las afueras de la ciudad, adonde le llevó el embajador creyendo que el escritor visitante debía ver la tumba de Kafka.
El embajador era un hombre excepcionalmente pequeño y vital, de pelo rubio ralo repeinado sobre un cráneo pecoso; era un industrial de Akron, activo recaudador de fondos para el partido republicano, que había creído en Reagan cuando la mayoría de los barones más informados del partido todavía se reían ante la posibilidad de ver a un actor de cine en la Casa Blanca. Por su lealtad y presciencia, había sido recompensado con el cargo de embajador en ese destino, lo que además tenía su lógica, ya que contaba con antepasados checos; sus abuelos habían llega do a Pittsburgh desde la cuenca minera de Moravia, y en su casa todavía se hablaba checo durante su infancia.
—Les encanta oírme hablar —le contó a Bech con su apabullante sonrisa de pillo—, les sueno muy anticuado. Es como si, en inglés, alguien hablara como en la Biblia del rey Jacobo. —Bech imaginó que por la cara cuadrada del embajador revoloteaba la sospecha de que los judíos no tuvieran mucho que ver con aquella Biblia. El hombrecito se apresuró a añadir, para que no quedara la menor duda—: Supongo que les sueno pintoresco de narices.

Para una memoria futura. (Si la memoria tiene un futuro) de Leonardo Sciascia

CIENCIAS SOCIALES (NF). Periodismo
Junio 2013
Andanzas CA 812
ISBN: 978-84-8383-485-5
País edición: España
192 pág.
14,42 € (IVA no incluido)

Leonardo Sciascia no sólo se atrevió a abordar la realidad de las organizaciones mafiosas en sus novelas: también lo hizo abierta, valientemente, en las páginas de periódicos y revistas italianos. Al hilo de sucesos significativos —asesinatos, casos judiciales—, el autor siciliano expuso a la opinión pública el fenómeno mafioso, y lo interpretó no como un hecho subversivo del orden establecido, sino como un sistema paralelo y especular respecto del Estado y de sus leyes. Rompió así el silencio que hombres e instituciones guardaban sobre el viejo problema, con lo que contribuyó a esa concienciación que llevó al Estado italiano a luchar de manera abierta contra la mafia. Esta obra, que recoge los artículos publicados por Sciascia en la década de 1980, es un valioso instrumento para comprender el contexto de silencio, sigilo y protección que ha permitido a la mafia, y a su oculta estructura jerárquica, extenderse y perpetuarse. 


No esperaba que Pertini me contestara diciendo que estaba de acuerdo y me prometiera que intervendría en el sentido que yo deseaba, pero sí al menos que acusara recibo de mi carta. Creía tener derecho a una respuesta: como ciudadano antes que como escritor, y como persona a la que, un año antes, había recibido con tanta confianza. El más absoluto silencio, sin embargo. Silencio que, lo confieso, me decepcionó mucho, además de ofenderme, y desde aquel momento tuve un juicio más negativo y receloso tanto de Pertini como de lo que ocurría en la Administración de Justicia. Yo ya había escrito y declarado (hasta en la televisión francesa) que estaba absolutamente convencido, no de una manera sentimental sino objetiva y racional, de la inocencia de Enzo Tortora: las pruebas ahí estaban, al alcance del más modesto juicio crítico. Pese a ello, Tortora debió sufrir un calvario judicial de tres años y tres meses, con consecuencias letales.
Condenado por el tribunal de Nápoles a diez años de reclusión, creo, Tortora fue absuelto por el Tribunal de Apelación con una sentencia jurídica y moralmente ejemplar, absolución que ratificó el Tribunal Supremo. El sacrificio personal de Tortora sirvió, con todo, para dar a los italianos la impresión de que los jueces podían hacer lo que les daba la gana, destruir a una persona inocente en su reputación y bienes, y, sobre todo, privarla de la libertad. La inquietud del país la sintieron más los socialistas y radicales, que promovieron un referéndum para aprobar una ley que, en casos como el de Tortora, responsabilizara directamente a los jueces. La mayoría de los italianos votaron a favor de la propuesta; pero el Parlamento casi desautorizó el resultado.
Entretanto se planteaba —con lo que se admitía su existencia, que antes habían negado los gobiernos— el problema de las asociaciones criminales meridionales, de la mafia sobre todo. Problema que las instituciones asumieron como lucha finalmente abierta y frontal contra la mafia, pero también como lucha por el poder dentro de las instituciones mismas y los partidos políticos. Yo, que fui el primero en la historia de la literatura italiana que di una representación no apologética del fenómeno mafioso, aunque siempre preocupado por que acabara combatiéndosela con los mismos métodos con los que el fascismo la había combatido (una mafia contra otra), movido por la lectura del libro de Christopher Duggan sobre mafia y fascismo, sobre mafia y poder político, escribí una serie de artículos en este sentido en el Corriere della Sera que provocaron una terrible polémica, y por los que se me acusó de debilitar la lucha contra la mafia y poco menos que de favorecer su existencia.
Lo cierto es que necios hay muchos; y fanáticos, aún más; gozan de tan buena salud no mental que pueden pasar de un fanatismo a otro con perfecta coherencia, permaneciendo, sustancialmente, inmóviles en el eterno fascismo itálico. Su sueño, y también su práctica, es el Estado que el fascismo llamaba «ético» (no se sabe de qué ética). Hay que reconocerles, con todo, una especie de buena fe: contra la verdadera ética, contra el derecho, incluso contra la estadística, ellos creen que la dureza de las penas (incluida la de muerte), la represión violenta e indiscriminada, la abolición de los derechos de los individuos, son los mejores instrumentos para combatir cierta clase de delitos y asociaciones criminales como la mafia, la ’ndrangheta y la camorra. Y seguirán creyéndolo.

Dinero para fantasmas de Edgardo Cozarinsky

NARRATIVA (F). Novela
Junio 2013
Andanzas CA 810
ISBN: 978-84-8383-483-1
País edición: España
136 pág.
13,46 € (IVA no incluido)

La historia de un amor, el que arrastra a dos personajes marginales de Buenos Aires a vivir peripecias novelescas en el otro extremo del mundo, enciende la imaginación de un viejo escritor ya hastiado de la vida y lo lleva a reinventarse. A su vez, la vida de ese anciano germinará, como una semilla impulsada por el viento, en la relación de dos jóvenes que apenas empiezan a asomarse a la vida. Si el dinero para fantasmas del título alude a una antigua creencia china, también las historias que recorren esta novela van abriéndose una tras otra, en una estructura de cajas chinas. Mientras, los personajes cruzan sus existencias y dibujan pasiones vividas e imaginadas, entre el deseo no apagado por los años y el que estalla en quienes dan sus primeros pasos en el amor.
 

Sus padres veían sin optimismo esa elección: esos estudios no correspondían a lo que ellos llamaban una carrera. Eran gente instalada en otros tiempos, modestamente protegidos por la vida casi rural, apenas urbana, de una localidad aislada a unos mil kilómetros de la capital; habían sobrevivido a décadas de naufragio social sin registrar la caducidad de ciertas nociones, sin sospechar la precaria, acaso nula utilidad de todo diploma a principios del nuevo siglo. Solo el estancamiento de los estudios emprendidos por el hijo en la universidad provincial los convenció para autorizar el giro mensual que le permitiría respirar en Buenos Aires. Después de todo, la única vocación visible del chico había sido, desde la adolescencia, la de escapar lo más lejos posible de su familia. Internet, a pesar de una conexión voluble, había sido su hada madrina. Allí encontraba el cine que el cable no ponía a su alcance, y guiado por algunas páginas cinéfilas se había familiarizado con lo que aprendió a llamar cine de autor: en el disco rígido que lo acompañó a la capital convivían las obras completas de Antonioni con las de Sokurov. No sabía que era, él mismo, un sobreviviente de entusiasmos y lealtades que muchos de sus futuros compañeros porteños, adictos al trash y al gore, iban a considerar anacronismos.
Aquella mañana de marzo, en el café La Amistad de la calle Garay, Martín tomó una foto de la barra, del espejo donde, detrás de alcoholes que él no conocía, ginebra Bols en su botellón de barro, grapa, caña, fernet, se reflejaban las mesas y se duplicaba la luz fuerte que llegaba de la calle en uno de los últimos días de verano. Fotografió también la avenida y la esquina a través de esas ventanas sobre cuyo vidrio las letras pintadas en el exterior, leídas al revés desde el interior, permitían descifrar el nombre prometedor del café. El patrón había autorizado esa intrusión: la juventud del fotógrafo, la mención de la escuela de cine, todo lo predispuso a una sonrisa; a otra hora del día, lejos del desayuno, por respeto a los habituales bebedores no habría accedido. En alguna de las fotos, un poco borroso, iba a aparecer el viejo, inclinado sobre su cuaderno.
—Parece Oribe, Andrés Oribe —dijo al estudiar la foto el profesor que había encomendado la tarea.

¿Cuánta verdad necesita el hombre? de Rüdiger Safranski

FILOSOFÍA (NF). Ensayo filosófico (ética, metafísica, teoría del conocimiento, etc.)
Junio 2013
Ensayo E 91
ISBN: 978-84-8383-486-2
País edición: España
224 pág.
15,38 € (IVA no incluido)

La pregunta por la verdad es tan antigua como la filosofía occidental, probablemente porque los seres humanos necesitamos creer no sólo en verdades concretas, sino también en la existencia de la Verdad. El gran pensador y ensayista Rüdiger Safranski explora en estas páginas una cuestión esencial para la historia del pensamiento y que filósofos y escritores como Rousseau, Kleist, Nietzsche o Kafka tensaron al máximo: el hombre tiene la conciencia de ser un sujeto escindido, separado tanto de sí mismo como del resto de la naturaleza, y necesita las creaciones del arte y de la cultura para reconciliarse consigo mismo y con sus semejantes.
Sin embargo, según Safranski, el anhelo metafísico de recuperar esa unidad perdida, esa vida «verdadera», puede también enturbiar la vida política y llevarnos a los peligrosos abismos del mesianismo y el totalitarismo.
 

El hombre ha envidiado al animal por ser pura natu­raleza, sin la perturbadora presencia de la conciencia; a Dios por ser puro espíritu exento de la molesta naturaleza, y, por último, a ese animal divino que es el niño. Ha envi­diado por tanto su propia infancia, su espontaneidad e inmediatez perdidas. Nuestros recuerdos nos hacen creer que en un tiempo remoto, del mismo modo que nuestra infancia llega a su fin, fuimos expulsados del paraíso.
Casi todos los sueños triunfales en los que dentro y fuera, conciencia y ser, yo y mundo coexisten en mágica unidad se alimentan del repertorio de imágenes de una infancia recordada o imaginada.
Uno de estos relatos oníricos, proveniente de China, cuenta la historia de un pintor que llegó a viejo después de dedicar toda su vida a un único cuadro. Una vez que lo hubo terminado, invitó a los amigos que aún le quedaban para mostrarles su obra: en ella se veía un parque, y entre los prados un estrecho camino que conducía a una casa situada en un alto. Cuando los amigos, listos para dar su opinión, se giraron hacia el pintor, éste ya no se encontraba junto a ellos. Miraron de nuevo hacia el cua­dro: allí estaba él, recorriendo la suave pendiente del ca­mino; abrió la puerta de la casa, se paró un momento, se volvió, sonrió, les dio nuevamente la espalda y cuidado­samente cerró tras de sí la puerta dibujada.
El pintor entra en el cuadro como si de su verdadero hogar se tratara, lo que supone alejarse de los demás. Para los que han quedado atrás esta desaparición equi­vale a la muerte, aunque la historia relata más bien una llegada, una vuelta a casa, momento feliz del que no se explica una palabra a los que quedan fuera del cuadro. Como mucho, se podría observar la pintura y decirles: ahí, en el cuadro, encontraréis expresado ese gozo.
Podríamos acentuar el motivo de lo indecible en el relato: una vez que desaparece el pintor en su obra, ten­dría que desaparecer también el cuadro, quedando un vacío, una perfecta ausencia. Si pudiéramos dar marcha atrás al proceso completo, de tal manera que de la nada surgiera el cuadro y del cuadro pudiera salir nuevamen­te el pintor, ¿qué nos podría contar de lo de ahí dentro?
Estas historias prometen una plenitud, y sin embar­go nos dejan sumidos en el vacío. Susurran el misterio de lo más profundo del ser y provocan la sugestión de la verdad de la vida, como si esa verdad fuera inefable, y como si justamente esa inefabilidad fuera superior a todo lo que se puede decir de ella. Es esa oscura y des­bordante pérdida del mundo, que a su vez parece pro­venir de sus propias entrañas, lo que las hace tan seductoras.

Fabulosas narraciones por historias (MAXI) de Antonio Orejudo

NARRATIVA (F). Novela
Junio 2013
MAXI MAXI 033/2
ISBN: 978-84-8383-719-1
País edición: España
384 pág.
9,56 € (IVA no incluido)

Fabulosas narraciones por historias relata las peripecias de tres amigos que dejan de serlo: Santos, de origen rural, que en la gran ciudad descubre su debilidad por las mujeres maduras y la pornografía; Martiniano, sobrino de Azorín, que odia a los intelectuales tras los malos tratos recibidos de su tío; y Patricio, escritor nobel que sueña con publicar una novela. Los tres jóvenes, internos en la Residencia de Estudiantes, viven el bullicio de los años veinte en Madrid. Pero entre novatadas, enfrentamientos y explosivas tertulias, apenas perciben que ponen en peligro un plan secreto para crear una generación literaria: la del 27.


¿Y si después de todo no era un genio? Las famosas vidas ajenas presentaban siempre centenares de marcas. En la suya, sin embargo, nunca lograba encontrar ninguna. Su infancia no fue difícil ni estuvo marcada por la miseria o por el sino de la fatalidad; todo lo contrario: primogénito, varón, niño de buena familia, padres leídos y tío inmortal. ¡Y tío inmortal! Bueno, ¿y qué? Nada de eso incapacitaba para la genialidad, que él supiera. Proust no descendía de mineros precisamente, sino más bien de una familia que había comido buena carne en todas sus generaciones, aunque eso le hubiera lucido bien poco al joven Marcel, que se había pasado en cama media vida. Pasarse en cama media vida, ¿veía él? ¡Ahí estaba la marca! En cuanto indagaba un poco en la vida de los grandes escritores, enseguida encontraba los signos de la genialidad, las cruces de tiza con que la naturaleza había querido marcarlos desde su nacimiento para que no tuvieran dudas en los momentos de tribulación. Pasarse en cama media vida era un síntoma inequívoco de genialidad. ¿Qué marcas tenía él para escapar de su propio Huerto de Getsemaní? ¿Qué sucedería si decidiera no levantarse mañana y no quitarse el camisón hasta haber culminado varios tomos de una obra maestra? En primer lugar, no estaría a las ocho en la Puerta del Sol, donde se había citado con Marc. En segundo lugar, al no verle aparecer, Marc decidiría ir solo a esperar a Santos, que llegaba sobre las nueve a la Estación del Norte. Dónde está Pátric, preguntaría Santos. No lo sé, respondería Marc; habíamos quedado a las ocho en la Puerta del Sol, y me ha dado plantón. Entonces regresarían corriendo a la Residencia; subirían asustados a su cuarto; y, al encontrarle en la cama, le preguntarían si estaba enfermo. No, contestaría él; es que no pienso levantarme hasta que no termine esta maldita novela. Sus amigos se quedarían de una pieza, pero después, en tercer lugar, le sacarían a sombrerazos de la cama. Qué ocurrencia, exclamarían; no salir de la cama precisamente el día que Santos volvía de vacaciones, y cuando a Marc le quedaban tan sólo veinticuatro horas para marcharse a Londres. Con esa clase de amigos era muy difícil ser un genio: jamás le iban a permitir que guardara cama si no padecía una enfermedad, una buena enfermedad. Proust había sufrido una: la tuberculosis. ¿Veía él? ¡Otra marca! ¡Qué fácil sería todo si él tuviera tuberculosis! O cualquier otra señal. Sade era rico y perverso; Baudelaire tenía una frente sobrenatural; Galdós era canario; Poe, alcohólico; y Cervantes, manco. Siempre se olvidaba este detalle, cuando para él era evidente la relación entre ser manco y escribir el Quijote. Una tara física como ésa tenía que proporcionar todo el resentimiento que se necesitaba para culminar una obra de arte. ¿Sería él capaz de cortarse un brazo para, de ese modo, poder escribir una novela que cambiara el rumbo de la literatura occidental? Él creía que sí; pero en la vida, antes de hacer algo irreversible, había que pensar muy bien los pros y los contras.

Las brujas de Salem y El crisol (MAXI) de Arthur Miller

CINE, TEATRO Y RADIO (NF). Guiones cinematográficos y radiofónicos
Junio 2013
MAXI MAXI 037/1
ISBN: 978-84-8383-718-4
País edición: España
272 pág.
8,60 € (IVA no incluido)

Las brujas de Salem: En 1692, en la localidad de Salem, pacífica pero sofocante debido a la religiosidad estricta que rige su vida cotidiana, corre el rumor de que una joven ha hecho un obsceno maleficio. Los habitantes se acusan unos a otros, y se inicia un juicio que tal vez propicie temibles venganzas... Miller concibió Las brujas de Salem en la época negra de la «caza de brujas» desplegada en Estados Unidos durante el macarthismo. Posteriormente colaboró en su adaptación al cine, titulada El crisol y cuyo guión se ofrece a continuación de la obra teatral.


Tempestades de acero (Fábula) de Ernst Jünger

BIOGRAFÍAS, AUTOBIOGRAFÍAS Y MEMORIAS (F). Biografías, autobiografías y memorias
FILOSOFÍA (NF). Biografías, autobiografías y memorias
HISTORIA (NF). Biografías, autobiografías y memorias
Junio 2013
Fábula F 366
ISBN: 978-84-8383-488-6
País edición: España
464 pág.
10,52 € (IVA no incluido)

En 1914, al estallar la primera guerra mundial, Ernst Jünger se alistó como voluntario en el 73 Regimiento de Fusileros y fue enviado al frente francés. Durante la contienda llevó un Diario de guerra a partir del cual, en 1920, redactó Tempestades de acero, una de las mayores obras de la literatura de guerra de todas las épocas. Sus páginas, nacidas en el fragor de los combates, en hospitales o en trincheras que se convirtieron en la tumba de cientos de miles de soldados, componen una verdadera novela de formación y, al mismo tiempo, una honda reflexión en torno al destino de un siglo que empezó bajo el signo de esta masacre inusitada.

 
Elogio de la imperfección de Rita Levi-Montalcini

BIOGRAFÍAS, AUTOBIOGRAFÍAS Y MEMORIAS (F). Biografías, autobiografías y memorias
Junio 2013
Fábula F 365
ISBN: 978-84-8383-487-9
País edición: España
304 pág.

Apasionado balance de una trayectoria profesional y vital coronada con el Premio Nobel de Medicina, Elogio de la imperfección narra una odisea, la protagonizada por Rita Levi-Montalcini a lo largo de un siglo. Nacida en el seno de una familia judía, Levi-Montalcini vivió su infancia en Turín mientras se libraba la primera guerra mundial. Pese a la oposición paterna, se matriculó en medicina para doctorarse posteriormente en neurocirugía. Ayudante del eminente histólogo Giuseppe Levi (el padre de Natalia Ginzburg), montó un laboratorio en su propia casa cuando las leyes raciales de la Italia fascista le impidieron proseguir sus investigaciones. Tras la segunda guerra mundial, desarrolló su carrera científica en Estados Unidos, y el descubrimiento del factor de crecimiento nervioso (NGF) le valió en 1986 el Premio Nobel de Medicina.

lunes, 24 de junio de 2013

Novedades, junio de 2013: Destino



El pantano de las mariposas de Federico Axat

496 páginas
ISBN: 978-84-233-4687-5
Lomo 1265
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Áncora & Delfin

Las desapariciones de personas en confusos episodios se suceden año tras año en Carnival Falls. Pero donde algunos ven tragedias sin conexión, otros aseguran que existe un patrón común, y que detrás de ellas hay algo más oscuro que simples accidentes.
En 1985, Sam y Billy tienen doce años y se preparan para lo que suponen será un verano grandioso: excursiones por el bosque, largos paseos en bicicleta y la postergada construcción de la casa del árbol. Sin embargo, la llegada a la ciudad de una niña de clase alta llamada Miranda, cuya belleza no les dejará indiferentes, lo trastocará todo. Juntos transitarán ese intrincado paso de la niñez a la adolescencia, un camino de aprendizaje y revelaciones, y se embarcarán, casi sin proponérselo, en una aventura que podría llevarlos a conocer la verdad detrás de las desapariciones.
Un pacto de amistad los guiará en un verano imborrable, un tiempo de metamorfosis que marcará el inicio de muchas cosas, y también el final de su infancia.

Novela de crecimiento y suspense con sugerentes incursiones en lo fabuloso, El pantano de las mariposas sumerge al lector en una rara fascinación para conducirlo con hábil pulso hasta un sorprendente giro final.


«Autobús» es otra palabra cuyo significado conozco pero que no he conseguido pronunciar aceptablemente. Me limito a abrir mucho los ojos y a observar a mamá en el espejo retrovisor, que ella ha acomodado para poder verme. El rosario de madera que pende de él me hipnotiza durante un instante.
—¡Pinto! —vuelvo a gritar.
La oscuridad nos aprisiona en su puño esponjoso. Los limpiaparabrisas funcionan a su máxima potencia y apenas pueden contrarrestar los embates del diluvio. Cuando una fisura de luz desgarra la noche, una cornamenta de ramas azuladas atraviesa el coche. Los relámpagos me asustan, y éste en particular hace que descargue un puntapié involuntario y que Boo, el oso de peluche que suele acompañarme cuando salgo de casa, caiga desde el asiento trasero. Aguardo unos segundos, a la espera del trueno fracturado que no tarda en hacerse oír, e intento inclinarme. Boo es una forma gris e informe en el suelo. Las correas de mi silla adosada al asiento trasero no me permiten alcanzarlo. Con esa desesperación característica que antecede al llanto, observo a mamá, que aferra el volante con fuerza, ligeramente inclinada hacia delante, escrutando la lengua de asfalto que a duras penas nos marca el camino, y pienso que no es momento de importunarla. Tengo un año pero puedo darme cuenta de eso.
Paseo la vista por el interior del coche y con el rabillo del ojo capto mi propio reflejo a la derecha, en la condensación del cristal. El gorro blanco de lana es lo primero que me llama la atención. Se asemeja a la vela de un barco navegando en el oscuro bosque que desfila detrás. Estiro el brazo en esa dirección pero mis dedos no llegan a tocar la ventanilla, no importa cuánto lo intento. En cambio descubro que soy capaz de comandar a distancia ese triángulo fantasmal. Agito la cabeza con vehemencia y la vela del barco imaginario hace lo mismo, capeando las olas negras y traicioneras de la noche. Lo hago una y otra vez. Con cada intento, mis capacidades de mando se van perfeccionando.
—Alguien se lo está pasando en grande allí atrás.

Hasta la cima de la montaña de Arne Dahl

456 páginas
ISBN: 978-84-233-4693-6
Lomo 1267
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Áncora & Delfin
Traductores: Martin Lexell y Mónica Corral

En plena celebración de un partido de fútbol, un joven es atacado con una jarra de cerveza en un popular pub de Estocolmo y muere allí mismo. Parece un crimen sin importancia, al menos hasta que entra en juego la intervención del Grupo A, la unidad especial formada por detectives de élite para la resolución de crímenes internacionales, disuelta desde el último caso. La investigación se asigna a Paul Hjelm y Kerstin Holm. Conforme interrogan a los testigos, Hjelm y Holm empiezan a darse cuenta de que había algo más tras una escena del crimen aparentemente accidental. Además de estar conectados con unos crímenes ocurridos en Suecia durante el verano, en un futuro cercano, un ataque terrorista entra en escena. Ese caso pondrá a prueba la efi cacia del Grupo A, dándoles, al fi nal, una segunda oportunidad.

«Arne Dahl lo tiene todo para deslumbrar a quienes disfrutaron con Millennium.» La Vanguardia

«Una novela de suspense que te pone los pelos de punta. Dahl no decepcionará a nadie. Tiene que estar en la lista de deseos de todo fanático del thriller.» Expressen

«Borra cada uno de los clichés de la novela negra con una prosa cortante nunca antes experimentada en el género. Dahl está escribiendo la mejor novela criminal de nuestros tiempos.» Die Zeit


No, corto de mollera no. Más bien dotado de una sorprendente capacidad de observación. Aunque ahora debía borrarlo de su cabeza, porque les tocaba seguir con la pesada rutina del interrogatorio, abriéndose paso a través de un resacoso paisaje humano, y por tanto Per Karlsson tenía que ser despiadado a otros bancos de memoria diferentes a los suyos. Sólo su declaración como testigo debía permanecer.
Hjelm bostezó pero sus pensamientos no le daban tregua: pensó en los meses en la comisaría de la policía local, en la brigada antiviolencia del distrito Centro. La calle Bergsgatan. Su despacho temporal que en realidad pertenecía a un tipo que estaba de baja y se apellidaba Gunnarlöv —no Löv— y de nombre Gunnar, como creía Hjelm. Y no fue hasta que un antiguo compañero de Gunnarlöv entró y preguntó por Nils que entendió por qué siempre se hacía un silencio al otro lado del teléfono cuando contestaba: «Despacho de Gunnar Löv, le atiende Paul Hjelm». La gente simplemente necesitaba recuperarse de su extraña forma de pronunciar el apellido. Se quedó boquiabierto al buscar el  nombre en el directorio interno y ver escrito: «Nils Gunnarlöv».
¿Estaba permitido tener un apellido así?¿No había ninguna ley al respecto?¿No era como llamar Heroína a un niño?¿No era eso lo que había intentado una familia que vivía en una comuna en Gnesta?¿Heroína Lindren? Como era de esperar, las autoridades competentes les denegaron la petición, lo que dio lugar a toda una serie de cartas al director en la prensa local en las que los afectados cargaron contra la represiva y autoritaria sociedad sueca.
Dicho sea de paso, ese tal Gunnarlöv estaba de baja porque un día, durante el horario de trabajo, había ido a hacer una gestión a la sucursal del Föreningssparbank en la plaza de Stureplan. Mientras se hallaba en el banco una joven e histérica atracadora, de no más de catorce años, irrumpió a la carrera empuñando una pistola de grapas y exigió, palabras textuales: «¡Las acciones con mayores dividendos!¡Venga, todas!¡Ya!». Pero las engrapadoras funcionan con corrientes de alta tensión, ¿no?, pensó Gunnarlöv, y se acercó tranquilamente a la chica con intención de mencionarle ese hecho. Acto seguido, y para su gran asombro, recibió nada menos que treinta y cuatro disparos de grapas repartidos por la cara. De milagro ninguno le dio en el ojo. Las primeras palabras que pronunció cuando despertó fueron: «Pero las engrapadoras funcionan con corriente de alta tensión, ¿no?». Su mujer, los ojos enrojecidos por el llanto, miro la cabeza vendada de su marido y contestó: «Ya las hay portátiles y con batería recargable».
La historia de las aventuras y desventuras de Nils Gunnarlöv.
Nils en el País de las Maravillas.
Aunque bueno, la historia del propio Paul Hjelm tampoco es que fuera mucho mejor. A decir verdad, todo lo contrario; al menos la de Nils contaba con cierto valor anecdótico.

El caso del mayordomo asesinado de Marco Malvaldi

208 páginas
ISBN: 978-84-233-4689-9
Lomo 1266
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Áncora & Delfin
Traductor: Juan Carlos Gentile Vitale

En 1895 el mundo está cambiando: los hermanos Lumière organizan la primera muestra del cinematógrafo; Marconi triunfa con su primera transmisión radiofónica…, y el libro de recetas compilado por Pellegrino Artusi se convierte en un verdadero best seller, por el que el autor es aclamado como el inventor de la tradición gastronómica italiana.

Un cálido viernes de junio de este año, en un castillo de la zona de la Maremma toscana, el conde Alinaro Bonaiuti tiene invitados para la batida de caza del fi n de semana, entre ellos, el reputado gastrónomo. El primer día, durante la cena, el anfi trión derrocha un estado de ánimo alegre, optimista y, cuando pasan al salón de fumadores, anima a sus invitados a brindar por la gran victoria en las carreras. Sin embargo, conforme avanza la noche empieza a encontrarse mal y, alegando molestias estomacales, desecha el champagne y bebe su acostumbrado Oporto… Cuando todos los asistentes están acostados, el grito de una de las criadas los despierta sobresaltados: lo que había terminado como una plácida velada entre amigos se convierte en el escenario de un crimen. Teodoro, el mayordomo, ha sido asesinado.

Marco Malvaldi borda una novela negra de acento clásico, ambientación decimonónica, castillo, nobleza decadente, recetas de cocina y mayordomo. Una absoluta delicia.

«Sherlock Holmes en la Toscana», La Stampa


Normalmente, los señores del castillo sólo salen hacia las seis de la tarde, cuando la tierra se ha cansado de todo ese sol y ha comenzado a darle la espalda al astro. También esta tarde, a las seis en punto, el barón y todos sus copropietarios han salido al jardín a aguardar al segundo de los huéspedes invitados para alegrar la batida de caza del fin de semana. El primer huésped, el señor Ciceri, que en su tarjeta de visita se presentaba como «daguerrotipista-fotógrafo de ambiente», había llegado después de comer y había sido acogido con educada indiferencia.
En cambio, la segunda persona, a punto de llegar, es famosa y de una cierta consideración, por lo que la espera es bastante febril; en el fondo, los residentes, aun siendo en su casi totalidad unos holgazanes que no han dado un palo al agua en su vida, se han visto obligados, a causa del calor inhumano, a una jornada de total inmovilidad al fresco de las habitaciones y están todavía más aburridos que de costumbre. Por ello, la llegada del huésped es el auténtico acontecimiento clave del día y los invitados pasean por el jardín en parejas y tríos, intercambiando hipótesis sobre el personaje con el oído atento a cualquier posible rumor de ruedas y de caballos.
En efecto, son muchas las cosas que se ignoran de la persona a punto de llegar, equitativamente subdivididas entre los diversos grupos de investigación, de paseo por el prado. El carácter. El traje. Pero, sobre todo, el aspecto; al fin y al cabo, estamos a finales de 1800 y las personas famosas son conocidas principalmente por lo que hacen y por lo que dicen, no por su semblante, que, en general, resulta desconocido, o casi. Buenos tiempos.
—Sin duda, es gordo.
—¿Vos creéis?
—Me asombraría lo contrario. ¿Habéis visto alguna vez a un cocinero delgado?
—No, no. Pero, al fin y al cabo, no es un cocinero de oficio, ¿verdad? Según dicen, es un comerciante de telas.
—Eso parece. Y no es su único negocio. No quisiera...
Mientras pensaba en lo que no habría querido, la mirada de Lapo Bonaiuti de Roccapendente se cruzó por un instante con la vacua y ansiosa de la señorita Barbarici, enfermera y dama de compañía de la abuela Speranza, preguntándose, quizá por milésima ocasión, quién habría podido pensar alguna vez en tirarse a semejante adefesio.

Evita, realidad y mito (La biografía definitiva de la mujer más amada y más odiada de Argentina) de Felipe Pigna

384 páginas
ISBN: 978-84-233-4691-2
Lomo 249
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Imago Mundi

Elogiada hasta la exageración por los que la admiraron, despreciada por quienes la consideraron únicamente un apéndice de Perón o, como mucho, un fenómeno folclórico, Eva Duarte reúne todas las condiciones para ser un mito: creció en un entorno humilde, llegó a lo más alto y murió joven, cuando su estrella brillaba con más fuerza. Su figura, aún hoy, sesenta años después de su muerte, suscita adhesiones y odios, pero jamás indiferencia. En torno a esa fascinación construye el historiador Felipe Pigna este libro de gran éxito en Argentina, un documentadísimo recorrido por la vida de la mujer más amada y más odiada de su país, y las verdades, leyendas, mitos, amores y odios que se tejieron alrededor de ella, desde su infancia en Los Toldos, como hija natural de un hombre que nunca la reconoció, hasta su matrimonio con Juan Domingo Perón, su transformación en animal político y su prematura muerte. Pigna presenta a Eva Duarte en toda su complejidad, no sólo como personaje del papel cuché, sino en sus múltiples facetas públicas y privadas. También como sujeto político que compartió el liderazgo carismático del peronismo y evidenció una gran capacidad de conducción y construcción política, como demuestra la gira europea que la llevó, en 1947, a visitar la gris España de Franco, y en la que dejó claro que era mucho más que esa mujer que sólo pidió que la recordaran como Evita. Una nueva mirada a uno de los iconos más deslumbrantes de la historia contemporánea.


Qué hacer con España (Del capitalismo castizo a la refundación de un país) de César Molinas

304 páginas
ISBN: 978-84-233-4688-2
Lomo 247
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Imago Mundi

Ya nadie duda de que, para sobrevivir en el euro y en la economía global, España está obligada a poner en marcha una batería de reformas estructurales. Reformas que, de hecho, deberían haberse adoptado años, décadas e incluso siglos atrás. Los obstáculos para hacerlo ahora, de golpe, son formidables, y superarlos requiere un proyecto de futuro explícito, capaz de motivar a la sociedad española. Un plan Marshall en investigación, desarrollo, innovación, educación y emprendimiento que César Molinas expone ampliamente en este libro.

En él también propone una teoría de la clase política española que avanzó en un artículo periodístico, convertido en 2012 en uno de los textos de opinión más leídos. Su análisis tacha de «élite extractiva» a los políticos españoles, a los que acusa de generar burbujas —inmobiliarias, de infraestructuras, de energías renovables— «de manera compulsiva», no tanto «por ignorancia o por incompetencia como porque en todas ellas capturan rentas», lo que hace que se resistan «de forma numantina» a los rescates europeos, porque les «obligan a hacer reformas que erosionan su interés particular».

Cambiar una tendencia histórica como ésa no es tarea fácil. Pero la alternativa, según Molinas, es resignarse a seguir siendo el país del «que inventen ellos» y continuar perdiendo posiciones en los índices de desarrollo económico y humano. Por suerte, la experiencia no tan lejana de la Transición indica que España sabe hacer un cambio cultural cuando lo necesita; y decimos por suerte porque este cambio, como demuestra este libro, es hoy en día más necesario que nunca.

Un proyecto de futuro para un país empeñado en resistirse a los programas de reformas.


EL NACIMIENTO DEL INDIVUDALISMO
Tras la caída del Imperio romano, la sociedad europea, dominada por tribus germánicas, era una sociedad agnática, o patrilineal, compuesta por familias extendidas, o clanes, no muy diferentes de la gens romana tradicional. Todas las demás civilizaciones, pasadas o presentes, han estado articuladas por este tipo de familias. La familia extendida detentaba la propiedad, cuya titularidad se trasmitía antes de hermano a hermano que de padre a hijo. Un ejemplo actual de ese tipo de sociedad es Arabia Saudí. Un ejemplo occidental contemporáneo de familia extendida puede visualizarse, por ejemplo, en la película El Padrino del cineasta Francis Ford Coppola.
Como señala Francis Fukuyama, la aparición del feudalismo en Europa fue una repuesta defensiva a las invasiones simultaneas de los vikingos por el norte, los musulmanes por el sur y los húngaros por el este, en un tiempo en que la familia extendida hacía cedido ya mucho terreno en favor de la familia nuclear y no servía ya como estructura social básica de defensa. Como esto ocurría en el siglo VIII, estamos hablando de un cambio sin precedentes históricos en la estructura familiar que tuvo que haber tenido lugar en los siglos inmediatamente posteriores de la desaparición del Imperio Romano. Ninguna otra civilización ha hecho este cambio de manera endógena. ¿Qué fue lo que lo causo?
Todo apunta a que el cambio fue provocado por la iglesia. Ya en el siglo VI está documentada su oposición a cuatro prácticas fundamentales para la supervivencia de los clanes: 1. Matrimonios entre personas con alto grado de consanguineidad; 2. El levirato, o matrimonio de la viuda con familiares del esposo difunto; 3. La adopción de niños; y 4. El concubinato y el divorcio. El repudio de estas prácticas, que eran comunes en Roma y en la Judea de Jesús, no parece tener un fundamento claro en las Sagradas Escrituras. Más bien parece responder a un brillante cálculo estratégico sobre las consecuencias que estas prohibiciones iban a tener sobra las finanzas de la propia Iglesia. En efecto, la consolidación del matrimonio monógamo e indisoluble y las prohibiciones del levirato y la adopción generaron en muy poco tiempo una gran cantidad de viudas sin descendencia que quedaban como estación de término de la titularidad de derechos de propiedad. La tentación —y la presión— para testar a favor de la Iglesia debían de ser muy grandes. Cita Fukuyama que, a finales del siglo VII, un tercio de la superficie cultivable de Francia estaba en poder de la Iglesia. Entre el siglo VII y el IX se doblaron las propiedades eclesiales en el norte de Francia, Alemania e Italia. Negocio redondo.

La Iglesia en la encrucijada (De Benedicto XVI al papa Francisco) de Francesc Torralba Roselló

336 páginas
ISBN: 978-84-233-4692-9
Lomo 250
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Imago Mundi

En febrero de 2013 una noticia sorprendió al mundo entero: el papa, Benedicto XVI, renunciaba al pontificado, algo que no ocurría desde hacía seis siglos. Después vino el cónclave y, finalmente, el 13 de marzo de 2013, la elección: el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio pasaba a ser el papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano y también el primer jesuita que sucedía a san Pedro.

En este ensayo, riguroso y a la vez urgente, el autor expone el legado intelectual de Benedicto XVI, de gran profundidad y hondura filosófica —y no siempre correctamente interpretado—, y aborda los grandes desafíos que se le plantean a la Iglesia hoy, además de analizar la figura del nuevo papa, cuyo talante empieza a vislumbrarse.

El objetivo también es contestar a varias preguntas cruciales: ¿Tiene futuro la Iglesia en nuestro tiempo? ¿Cuál es su misión en un mundo en ruinas? ¿Es creíble como institución? ¿Tiene capacidad para detectar las palpitaciones de nuestra sociedad y para responderlas de un modo eficiente? Y, sobre todo, ¿es posible salvar el divorcio entre Iglesia y modernidad?

Una reflexión incisiva e informada sobre el legado de Ratzinger, su histórica renuncia y los retos del papa Francisco y de la Iglesia en el siglo XXI.


La crisis es una oportunidad para expresar lo que verdaderamente creemos, las convicciones que llevamos en nuestros adentros, un momento oportuno para evaluar la calidad y la hondura de las mismas y nuestra capacidad real de donación y de sacrificio por el otro.
En lo últimos años se ha hablado y escrito abundantemente sobre la indignación. La indignación no es un acto libre ni el futo de una decisión de la voluntad. Es una emoción toxica, un sentimiento hostil que aprisiona el alma del ciudadano independientemente de su voluntad. Uno no decide indignarse. Simplemente, se indigna, siente que no ha sido tratado con dignidad, que ha sido manejado como un objeto, como una operación mercantil y, por consiguiente, se indigna.
La indignación es un acto de conciencia, un movimiento de rebeldía. Como decía Albert Camus, el hombre rebelde es el hombre que dice no. Pues bien, el indignado es un ciudadano hastiado que llegado al hartazgo y se ha cansado de decir «no» en la cocina de su casa.
Existe una indignación sonora que se ha hecho escuchar en las plazas, en las avenidas y en los bulevares, pero existe, también, una indignación callada, que se cuece en los adentros de la persona y que raramente se manifiesta en la vía pública.
La indignación silente está presente en todos los entornos, pero el grueso de los ciudadanos persiste en su lucha para vivir, para sobrevivir al huracán de la crisis. Son héroes sin nombre, sin calle, sin áurea de inmortalidad. Están en los metros, en los autobuses, en los geriátricos, en las universidades, en los talleres, en als tiendas y en las fábricas. No aparecen jamás en los titulares ni en las revistas de moda.
Otros ciudadanos han optados por encerrarse dentro de una cápsula insonora y vivir ajenos a lo que ocurre en el ancho mundo,  ignorando el destino de vecinos y conciudadanos, cultivando el propio jardín, como sugería Voltaire, blindándose dentro de una pequeña burbuja, aparentemente ajena al fluir de los días y las tragedias.
Esta salida es falsa. Las burbujas son inestables y efímeras. Vivimos interconectados, somos interdependientes. Lo que ocurre a los otros no es ajeno a nuestras vidas. Aunque uno se esfuerce por preservar el microclima dentro de su burbuja, ésta no es ajena a la presión exterior ni a las partículas toxicas que fluyen en la atmosfera social. Estamos en el mundo y no vivimos solos. El alma no es ajena a los latidos de la historia, el grito de la tierra, para decirlo con la bella expresión de Leonardo Boff.

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