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martes, 31 de enero de 2017

Fragmentos Nº187: Una serie de catastróficas desdichas: Un mal principio




Una serie de catastróficas desdichas: Un mal principio
Lemony Snicket

YO no sé si os habréis dado cuenta, pero a menudo las primeras impresiones son absolutamente equivocadas. Por ejemplo, puedes mirar un cuadro por primera vez y que no te guste nada, pero, después de mirarlo un rato, te puede parecer muy agradable. La primera vez que pruebas el queso gorgonzola te puede parecer demasiado fuerte, pero, cuando eres mayor, es posible que no quieras comer otra cosa que queso gorgonzola. A Klaus, cuando nació Sunny, el bebé no le gustaba lo más mínimo, pero, cuando tuvo seis semanas, los dos eran uña y carne. Tu opinión inicial acerca de casi cualquier cosa puede cambiar con el paso del tiempo.

lunes, 30 de enero de 2017

Tan poca vida de Hana Yanagihara



Por la ciudad de Nueva York caminan miles de personas; algunos a trabajar, otros a tomar algo en alguna cafetería o, como en este caso, Jude se encuentra con sus amigos de la universidad. Todos ellos de diferentes edades, culturas y razas se conocieron entre fiestas y preguntas, entre anhelos y desdichas, entre penas y alegrías. Pasará el tiempo y les conoceremos más a fondo gracias a su protagonista.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Fragmentos Nº184: Tan poca vida



Tan poca vida
Hanya Yanagihara

Nos conocimos en Nueva York, donde yo estudiaba derecho y ella medicina. Después de licenciarnos, me ofrecieron empleo como pasante en Boston, y ella (que tenía un año más que yo) empezó las prácticas. Se estaba formando para ser oncóloga. Yo la admiraba, pues no hay nada más tranquilizador que una mujer que quiere curar, maternalmente inclinada sobre un paciente con su bata blanca. Sin embargo, Liesl no buscaba admiración: le interesaba la oncología porque era una de las especialidades más difíciles, y la más cerebral. Tanto ella como sus colegas oncólogos en prácticas menospreciaban a los radiólogos (demasiado mercenarios), a los cardiólogos (demasiado engreídos y satisfechos), a los pediatras (demasiado sentimentales) y sobre todo a los cirujanos (increíblemente arrogantes) y a los dermatólogos (de los que no merecía la pena hablar, aunque trabajaban a menudo con ellos). Les gustaban los anestesistas (raros y meticulosos, propensos a alguna adicción) y los patólogos (aún más cerebrales que ellos), eso era todo. A veces invitaba a algunos de sus colegas a casa y durante la sobremesa discutían sobre casos y estudios hasta que las parejas —abogados, historiadores, escritores y científicos de otras ramas—, cansados de ser ninguneados, nos escabullíamos a la sala de estar para hablar de los temas triviales y más frívolos que ocupaban nuestros días.

viernes, 7 de octubre de 2016

Microgalaxia #13: El dinero y la identidad de la escritora (o escritor)

El dinero y la identidad de la escritora (o escritor)

¿Quién sabe la identidad de Thomas Pynchon? Pocos, según se dice los únicos conocedores de esa incógnita son sus amigos escritores. A veces pienso que hasta la foto que de él circula es también un falso reflejo del verdadero escritor, que eso es lo que quieren creamos, como los personajes que circulan por sus novelas y que se desenvuelven en un mundo que les muestra una realidad que no es tal y les domina la paranoia debido al control de aquellos que tienen el dinero y el poder.

lunes, 20 de octubre de 2014

El jilguero de Donna Tartt



Theo Decker se dirige junto a su madre al Museo Metropolitano de Nueva York, allí se pierden ambos por los pasillos, opinando y observando los centenares de cuadros que les rodean, hasta que llegan hasta un cuadro en especial, pero no por su tamaño, sino por aquello que se observa en su superficie, es El jilguero de Carel Fabritius pero cuando su madre se marcha les sorprende una explosión. En mitad de la destrucción Theo recibe de un misterioso visitante un objeto, un anillo y una orden, que se lleve el cuadro y todo se lo entregue a un tal Hobart. 

domingo, 5 de octubre de 2014

Fragmentos Nº178: El jilguero



El jilguero
Donna Tartt

Por fortuna, Hobie había salido. Las pastillas que me tomé no surtían efecto; después de dos horas retorciéndome y agitándome en la cama en un tortuoso estado de duermevela lleno de caídas por precipicios, con la mente desbocada y exhausto de lo rápido que me latía el corazón, con la voz de Boris resonando aún en mi mente, me obligué a levantarme, a poner orden en la habitación, a ducharme y afeitarme; me corté mientras lo hacía, ya que tenía el labio superior casi tan dormido como en el dentista a causa de la hemorragia nasal que había sufrido. Luego me preparé una cafetera, encontré en la cocina un bollo rancio que me obligué a comer, y antes del mediodía estaba en la tienda, con el letrero de «Abierto»; justo a tiempo para interceptar a la cartera, que llegaba con su poncho impermeable (que pareció alarmarse, apartándose mucho al ver mis ojos legañosos y el labio cortado con el pedazo de kleenex ensangrentado encima), aunque mientras ella me entregaba las cartas con guantes de látex me pregunté: ¿para qué? Reeve podía escribir todo lo que quisiera a Hobie o incluso llamar a la Interpol, ¿qué importaba?

sábado, 13 de septiembre de 2014

Fragmentos Nº175: El jilguero



El jilguero
Donna Tartt

—Este es el primer cuadro del que me enamoré —decía mi madre—. No lo creerás, pero estaba en un libro que solía sacar de la biblioteca cuando era pequeña. Me sentaba en el suelo junto a mi cama y lo miraba durante horas, totalmente fascinada…, ¡esa pequeña criatura! Es increíble cuánto puedes aprender de un cuadro si pasas mucho rato observando una reproducción de él, aunque no sea muy buena. Empecé a querer a ese pájaro como quieres a un animal de compañía y acabé adorando el modo en que estaba pintado. —Se rió—. La lección de anatomía se encontraba en el mismo libro, pero me daba pavor. Cerraba el libro de golpe cuando lo abría por esa página por equivocación.

lunes, 14 de octubre de 2013

Alice Munro, Premio Nobel de Literatura 2013



La escritora canadiense ha sido este año la ganadora del Nobel de Literatura, su obra se compone de libros de relatos y una novela, «Maestra del relato corto», según palabras de la Academia sueca, «su estilo es claro y de un realismo sicológico». Nacida en Wingham (Ontario) en 1931 es la decimotercera mujer en obtener el galardón más importante de las letras y la primera que logra el mérito en el país norteamericano a la conocida como "la Chéjov de Canadá".

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