jueves, 6 de diciembre de 2012

VIII Premio Tusquets de Novela para Betina González


La escritora argentina, primera mujer en ganar el Premio Tusquets de Novela, el cual fue anunciado por Beatriz de Moura, directora de Tusquets, en la XXVI Feria Internacional del Libro (FIL) de la ciudad mexicana de Guadalajara. El jurado del galardón, presidido por Juan Marsé e integrado por Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Fernando Aramburu y, en representación de la editorial, Beatriz de Moura.

Todos ellos han valorado «la destreza con que la autora teje una trama que combina géneros y elementos diversos, la recreación poco complaciente del despertar sexual de la adolescencia y su actitud desafiante ante la herencia de los adultos, así como la atmósfera de un colegio religioso que acaba convirtiéndose en un trasunto sutil de un país que sale de la dictadura, todo ello contado con una escritura envolvente y original, de altísima calidad literaria».

La escritora consideró que la novela puede ser «novela de iniciación» del mundo en que un grupo de chicas empieza a ser adultas, pero también gira en torno a una «pérdida de la inocencia», además también ha opinado sobre como escribe, no puede «escribir siempre lo mismo» debido a ello, cada libro se lo plantea como un desafío «Si no es un desafío para mí, no escribo. Entonces hacer algo nuevo es como la meta en cada libro. Es parte de la razón por la que escribo» además de cómo decidió empezar a escribir: «Me lancé a la escritura cuando leí a Cortazar o cuando leí a Gabriel García Márquez y pensé “Yo quiero hacer esto. Quiero participar de este mundo”. Eso es, creo, la puerta de entrada de mi generación» señaló al ser la galardonada con el premio. También ha hablado de su generación: «Lo que fue algo compartido de muchos de mi generación es que no sólo te dabas cuenta del ocultamiento oficial sino el de todo el mundo, como que habías vivido una mentira. Como el Mundial 78… todas las cosas que habías vivido de chiquito y por detrás había toda esta masacre y vos estabas ahí creyendo que todo estaba bien. Pensabas que el mundo era lindo y no, era una especie de horror».

Las poseídas cuenta la historia de Felisa Wilmer, una chica que ingresa en un colegio religioso para niñas en la zona norte de Buenos Aires. Recién llegada de Londres, Felisa se convierte en el centro de atención por su actitud rebelde y su mal comportamiento, rodeada además por el aura «poética» que le dan sus aficiones artísticas, su perfecto inglés y su carácter tan impenetrable como independiente. Al menos así la ve López, la narradora y protagonista, que no tardará en hacerse amiga suya. Las chicas viven entre las leyendas más o menos escabrosas que se cuentan en voz baja sobre la historia del colegio, y algunos  «peligros» más reales que se encuentran en sus cercanías. Pero poco a poco López irá descubriendo la historia de Felisa, que vive con su abuela después de la muerte de su madre en un accidente, y de las razones de su comportamiento excéntrico y suicida, como de «poseída» por personas de su entorno. La novela se publicará en marzo del año que viene.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Fragmentos Nº91: El curioso incidente del perro a medianoche

Mark Haddon 
El curioso incidente del perro a medianoche 

Vi que la señora Shears me estaba mirando, esperando a que me fuera, porque la veía de pie en el vestíbulo, al otro lado del cristal esmerilado de su puerta de entrada. Así que recorrí de vuelta el sendero y salí del jardín. Entonces me volví y vi que ya no estaba de pie en el vestíbulo. Me aseguré de que no hubiera nadie mirando y salté la tapia, y anduve junto a la casa hasta el jardín de atrás y el cobertizo donde guardaba las herramientas de jardinería. 
El cobertizo estaba cerrado con un candado y no podía entrar, así que lo rodeé hasta la ventana lateral. Entonces tuve un poco de buena suerte. A través de la ventana vi una horca que tenía exactamente el mismo aspecto que la horca que había visto sobresalir de Wellington. Estaba encima del banco, junto a la ventana, y la habían limpiado, porque no había sangre en las púas. También vi otras herramientas: una pala, un rastrillo y unas de esas largas tijeras de podar que se usan para cortar ramas altas difíciles de alcanzar. Y todas ellas tenían los mismos mangos de plástico verde que la horca. Eso significaba que la horca pertenecía a la señora Shears. O era así, o se trataba de una Pista Falsa, que es una pista que te hace llegar a una conclusión errónea, o algo que parece una pista pero no lo es.
Me pregunté si la propia señora Shears habría matado a Wellington. Pero si hubiera matado ella misma a Wellington, por qué habría salido corriendo de la casa gritando «¿Qué coño le has hecho a mi perro?».
La señora Shears probablemente no había matado a Wellington. Pero quien fuera que lo hubiese matado, probablemente lo había matado con la horca de la señora Shears. El cobertizo estaba cerrado. Eso significaba que era alguien que tenía la llave del cobertizo de la señora Shears, o que ella se lo había dejado abierto, o que se había dejado la horaca tirada en alguna parte del jardín.


Fragmentos Nº90: Muerte en primera clase

J. M. Guelbenzu 
Muerte en primera clase



A la hora de la cena, Mariana empezó a lamentar la compañía que les había caído encima. El financiero y el constructor no sabían hablar de otra cosa que de dinero y de inversiones. Ella trató de llevar la conversación a un territorio más abierto mencionando la inmediata creación del Tribunal Penal Internacional, noticia de esa misma mañana según la información de la BBC. Tanto el uno como el otro se lanzaron sobre el asunto como lo habrían hecho sobre una bandeja de aperitivos que hubiera aparecido repentinamente en la mesa, es decir: sin pensarlo; y por lo que pudo ver, ninguno de los dos mostraba la menor simpatía hacia el nuevo órgano jurídico. Adujeron, cada uno a su manera, que se trataba de una interferencia en los asuntos internos de los países y que para eso ya estaban las justicias nacionales. Julia intervino en caliente desviando la discusión hacia la justicia española al argumentar que, debido a enmarañados compromisos, no siempre se aplicaba con estricta equidad por razón del grado de influencia de cada encausado, inclinándose muy a menudo a favor de interese económicos más bien turbios. Ante las protestas que suscitó esta intervención, Julia contraatacó con más vehemencia poniendo el ejemplo de tantos empresarios protegidos por prestigiosos bufetes de abogados especializados en agotar recurso con toda clase de triquiñuelas para lentificar los procesos; o bien, continuó exaltada, son protegidos por verdaderos expertos en ingeniería financiera que les permiten, en caso de ser atrapados, poner a buen recaudo el botín para cuando salgan de la cárcel, beneficiándose de toda clase de reducciones de pena, bien por buena conducta, lo que le parecería el colmo del sarcasmo, bien por…
En ese momento, Mariana, que la presionaba ligeramente con el pie, se vio obligada a pisarla con fuerza.
—¡Ay! —protestó Julia.
—Afortunadamente —dijo Mariana dirigiendo una encantadora sonrisa a todos los presentes— no todo el mundo de los negocios es como lo pinta mi amiga. Ha habido casos, ciertamente, todos los conocemos,  como hay desaprensivos en cualquier oficio, incluido el mio; pero, como suele decirse, una golondrina no hace verano ¿verdad, julia? —concluyó con un discreto destello de advertencia en la voz.
—Ah, por supuesto —respondió Julia con una naturalidad que sonó forzada en medio del espeso silencio que se había ido creando durante su perorata—. No es una opinión indiscriminada, yo es que soy muy lanzada cuando me pongo a hablar.
—Y que lo digas —murmuró una de las dos segundas esposas.

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