viernes, 8 de febrero de 2013

El guardián invisible de Dolores Redondo



Gracias a la editorial Destino por cederme un ejemplar de El guardián invisible

Amaia Salazar es inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral la cual vuelve al pueblo de Elizondo donde nació, vivió y en donde sufrió cuando era pequeña lo que dejó unos resquemores difíciles de olvidar a pesar de ella. A su regreso se encontrará con la familia que dejó atrás.


Al poco tiempo descubren unos zapatos al borde de la carretera y, tras ellos, el cadáver de Anne Arbizu, una joven que aparece con las manos extendidas, con un txatxingorri en un pubis previamente rasurado, con la ropa rasgada dejando al descubierto los pechos de la víctima y unos pelos de un gran animal. En su investigación se mezclara la mitología con la historia, la sabiduría de las cartas con la de las pruebas científicas, todo ello para encontrar y dar caza al aterrador asesino.

Dolores Redondo narra una historia de violencia, de sufrimiento y de soledad compaginada con bellos lugares de Navarra, como los márgenes del río Baztán o la mítica arquitectura que envuelve a Elizondo que descubrimos gracias a la protagonista de la historia. A lo largo de la novela la tensión va en aumento pues el asesino parece estar cada vez más cerca de la inspectora, el caso se vuelve más confuso con la aparición de otro cadáver inesperado y las pruebas que encuentran son limitadas y poco concluyentes, esto hace que estemos atentos a cada paso que da su protagonista. En la novela también se añade las impactantes leyendas ancestrales que van desde las brujas hasta el basajaun, un homínido alto, con larga melena y mucho pelo el cual protege el bosque y a las ovejas con fuertes silbidos. En definitiva una novela sorprendente, adictiva, cargada de tensión y con una historia dura pero que da dinamismo a la narración.

Recomendado para aquellos adictos a las novelas policiacas, esta es especial por lo que se narra en sus páginas y la forma en la se expresa su autora. También por ser una novela que da comienzo a una trilogía que describe un enclave mágico de forma realista. Y por último para aquellos que gusten de aquellos libros que serán llevados al cine. 

Extractos:

Amaia leyó la definición de bruja: «Llamo brujería a aquella manifestación del espíritu popular que supone a ciertas personas dotadas de propiedades extraordinarias, en virtud de su ciencia mágica o de su comunicación con potencias infernales». Podría parecer superchería si no fuera porque en los valles de Navarra que rodeaban Elizondo, la creencia en la existencia de brujas y brujos había llevado a la muerte, la tortura y horribles sufrimientos a cientos de personas acusadas de tener pactos con el demonio, en su mayoría mujeres acusadas por el feroz inquisidor Pierre de Lancré, de la diócesis de Bayona, a la que en el siglo XV pertenecía buena parte de Navarra, y que era un insaciable perseguidor de brujas convencido de su existencia y de su demoníaco poder, que plasmó en un libro de la época en el que describía con todo lujo de detalles la jerarquía infernal y su correspondencia en la tierra. Un libro que es todo un ejercicio de fantasía y paranoia que describe prácticas absurdas y ridículas señales de la presencia del mal.
Amaia alzó la mirada hasta encontrar de nuevo los ojos de Anne.
—¿Eras una belagile, Anne Arbizu? —preguntó en voz alta.
Desde el verde de los ojos de Anne creyó percibir una sombra que se estiraba hacia ella. Un escalofrío recorrió su espalda. Suspiró y arrojó el librito sobre la mesa mientras maldecía la calefacción de aquella flamante comisaría, que apenas llegaba a temblar aquella fría mañana. Un rumor creciente sonó en el pasillo. Consultó su reloj y comprobó sorprendida que ya era mediodía. Los policías entraron en la sala con estruendo de sillas arrastradas, roce de papeles y humedad prendida en la ropa como una pátina cristalina. Sin preámbulos, el inspector Iriarte comenzó a hablar.

Volvió atrás por la calle Santiago y bajó hacia la plaza Javier Ziga, penetró en el puente y se detuvo en el centro. Apoyándose en el murete donde está grabado su nombre, Muniartea, susurró mientras pasaba sus dedos por la piedra áspera. Escrutó la negrura del agua que traía aquel aroma mineral desde las cumbres, aquel río que se había desbordado causando pérdidas y horrores que figuraban en los anales de la historia de Elizondo; en la calle Jaime Urrutia aún podía verse una placa conmemorativa  en la casa de la Serora, la mujer que se ocupaba de la iglesia y de la rectoría, que indicaba el lugar hasta el que llegaron las aguas desbordadas el 2 de junio de 1913. Ese mismo río era ahora testigo de un nuevo horror, un horror que nada tenía que ver con las fuerzas de la naturaleza, sino con las más absoluta depravación humana, que tornaba a los hombres en bestias, depredadores que se confundían entre los justos para acercarse, para cometer el acto más execrable, dando rienda suelta a la codicia, la ira, la soberbia y el apetito insaciable de la gula más inmunda. Un lobo que no iba a detenerse y que continuaría sembrando de cadáveres las márgenes del río Baztán, aquel cauce fresco y luminoso de agua cantarina que mojaba las orillas del lugar al que regresaba cuando no soñaba con muertos, y que ahora aquel cabrón había mancillado con sus ofrendas al mal.
Un escalofrío recorrió su espalda, soltó las manos de la piedra fría y se las metió en los bolsillos  estremeciéndose. Le dedicó una última mirada al río y emprendió el regreso a casa mientras comenzaba a llover de nuevo.

Editorial: Destino
Autor: Dolores Redondo
Páginas:  440
Precio: 18,50 euros

Book trailer:

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