Mari
Asai, una joven de diecinueve años se encuentra en un solitario restaurante
leyendo, fumando junto a un café, al poco tiempo aparece un joven llamado
Takahashi, miembro de un grupo de jazz. Eri, la hermana de Mari, se encuentra
durmiendo en su habitación profundamente, no sabe los extraños sucesos que
están ocurriendo a su alrededor, el televisor cobra vida y poco a poco empieza
a distinguirse en la pantalla una imagen turbadora: una amplia sala amueblada
con una única silla en la que está sentado un hombre vestido de negro. Lo más
inquietante es que el televisor no está enchufado...
viernes, 28 de diciembre de 2012
Nochebuena roja y blanca Navidad - Segunda parte: Blanca Navidad (V)
Clavé en el intruso vicario una mirada poco
amistosa; pero Holmes se quitó la pipa de los labios y se irguió en su silla,
como un viejo sabueso que oye el grito de “¡Zorro a la vista!” Señaló el sofá
con el dedo, y el palpitante vicario, con su agitado compañero, se sentaron en
él, uno junto al otro. Mr. Mortimer Tregennis se dominaba más que el sacerdote,
pero el crispamiento de sus manos delgadas y el brillo de sus ojos oscuros
delataban la emoción que compartía con éste.
El pie del diablo
Arthur Conan Doyle
(V)
Día de los
Santos Inocentes, de bromas y de sorpresas, quizá de algún disgusto además de
pegar monigotes de papel en tu espalda si tienes mala suerte y te cruzas con un
bromista incansable, en la comisaría nada difiere a los demás días. No hay
risas ni bromas ni siquiera artilugios de esos que venden en la Plaza Mayor
rondando por ahí. Sólo seriedad.
El día 28 se
adelantó al curso del caso pues apareció una mujer cosida cerca de la tercera
costilla, hasta ahí todo correcto hasta que llegó a hablar con la policía que
tomaba declaración. Daniela Harbour. Ella normalmente se encargaba de la
administración y la burocracia. Le llamo para comunicarle la situación, Daniela
le dijo que tenia información interesante para el caso, además no parecía una
mentirosa por ello la mando que pasara inmediatamente al despacho del Sargento
para hablar con ella y escuchar de primera mano las palabras de una victima, de
paso aprovechó para decirle que había sacada buenas notas en los exámenes de la
carrera de abogacia.
Lo que más le
llamo la atención cuando apareció tras la puerta fue la facilidad al hablar, no
tenia miedo de que su agresor pudiera estar tras las paredes como le pasaba a
la mayoría, todas estaban incomodas sentadas en la fría silla de oscura madera.
—Buenos tardes
señora…
—Coralina Capote, llámeme Coral, es lo que hace
todo el mundo.
—Estupendo, Coral, Explíqueme que ha sucedido.
—Haber, todo comenzó cuando, al salir por la
noche de la casa de una amiga, sobre las once y media, quise cruzar un paso de
cebra junto al que hay un solar totalmente oscuro. Estaba a punto de llegar al
otro lado cuando alguien me agarró por detrás, me apretaban. Tenía una estatura
normal, ni alto, ni bajo. Pude ver sus ojos, eran azules que me miraban con
rabia porque trataba de huir, cuando sacó un cuchillo de cocina, curiosamente,
estaba muy afilado si quiere le enseño el costado.
—No gracias, confío en usted. Si quiere pasar
al despacho de enfrente puede describirlo mejor para que hagan un retrato
robot.
—Si. Además me gustaría denunciarlo…
—No se preocupe, allí podrá hacerlo.
La chica se levantó y se dirigió al despacho,
después de una hora dio por terminada su descripción. Se fue cojeando por el
dolor y el hielo de la acera que quedó del día anterior el cual, de vez en
cuando, hacía que un viandante resbalase, pese a ello los policías de guardia
que se encontraban frente a las puertas los ignoraban aunque avisaban para que
el barrendero de la zona echará sal por la zona, excepto si era una persona
mayor, entonces, la ayudaban a incorporarse e incluso la preguntaban que tal se
encontraban. Pero si eras lo que ellos llamaban una persona joven tenían una escusa
para echarse unas risas esa mañana.
Al terminar de incluir la fotografía del
retrato robot en el informe e incluir la declaración de Coral se marchó a su
casa, cruzó las carreteras de Madrid alumbradas por las luces plateadas o
rosas-ambarinas de forma de estrella llegó a su casa. Cenó un plato de sopa
recalentada en el microondas con una cerveza y un trozo de pan de leña, leyó un
par de capítulos de un libro y trató de dormir. Sentía que estaba más cerca del
asesino, como tocándole con unos dedos invisibles a punto de ceñirse sobre su
espalda. El sueño le venció, no tuvo sueños, durmió tranquilo toda la noche.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Nochebuena roja y blanca Navidad - Segunda parte: Blanca Navidad (IV)
Oh, blanca Navidad, nieve
una esperanza y un cantar
recordar tu infancia podrás
al llegar la blanca navidad
una esperanza y un cantar
recordar tu infancia podrás
al llegar la blanca navidad
Villancico tradicional
(IV)
El día 27
amaneció nevado, nieve por todas partes, escurridiza. Además tenia que poner
las cadenas al coche. Odiaba la nieve y más cuando caía de esa forma, sin
parar, sin darle un respiro, helando la acera, las carreteras y provocando
retrasos y atascos. Por suerte su mujer le ayudó a colocarlas, los niños
curioseaban en busca de ayudar en algo pero ellos les decían una y otra vez que
no podían hacer nada y volvían a insistir con lo cual todos ellos terminaron
desayunando leche con galletas mientras que por la ventana veían como nevaba y
terminaban sus abuelos con las ruedas.
Al llegar a la
comisaría encontró sobre la mesa el informe del forense en papel. La única
pista que ofrecía era que, en el cuchillo se habían encontrado restos de
comida, en este caso de pulpo, como en todas las victimas relacionadas con el
caso, siempre encontraban alguna muestra de un plato distinto.
Más de una
hora de retraso en la carretera. Había tardado en llegar demasiado y notaba un
pequeño dolor de cabeza del estrés de los sonidos estridentes de los coches, de
lo difícil que era llegar hasta allí con una nevada como la de ese día y al
llegar al trabajo se encontraba con una rutina que hacia que el dolor aumentara
en ocasiones.
Sobre las cuatro
de la tarde le comunicaron que había un mensaje en su contestador que debería
escuchar, era de un chico que decía haber visto un comportamiento extraño en
uno de sus vecinos. El mensaje decía así: «Hola,
me llamo Carlos y vivo en un edificio situado en Gran Vía, vivo en el tercero y
la persona de la que os voy a hablar vive en el piso de abajo. Hace unos días
veo en las noticias muertes de mujeres, sus caras me suenan hasta hoy que he
reconocido a la última, la vi por casualidad, mirando por la mirilla me
encontré con su cara. Justo a la mañana siguiente me di con su descripción en
las noticias de la noche, me sorprendí y es por eso por lo que estoy llamando.
El edificio esta situado en el número 49. Cerca del edificio se encuentra una
boca de Metro por lo que puede haber escapado sin necesidad de utilizar su
vehículo. No se. Por ello les recomiendo que investiguen, desde ayer no escucho
ningún ruido y pienso que puede haber escapado». Fin de la llamada. Había
un número de teléfono que se guardaba en una agenda informática.
Por la tarde
decidieron enviar un coche con dos policías a preguntar por la zona si habían
visto al sospechoso, mostraban su foto a aquellos que fuera necesario. Pero
nadie dijo nada, el tal Carlos desapareció y en los buzones no aparecía su
nombre. En el ambiente se respiraba un cierto miedo como si lo sucedido aquella
noche se hubiera quedado impregnado en los muros del edificio, en la fría
piedra y en la astillada madera del antiguo edificio.
Al llegar a su
casa después de una hora y media más de lo normal, centrado y pensando en el
escabroso asunto de las mujeres asesinadas. Cada vez se complicaba más y la
solución parecía lejos de encontrase. Esa noche durmió bien, los pocos petardos
que llegaban a sus oídos anunciaban la cercanía del fin de año. Y según decían se
acercaba la cuenta atrás del Fin del Mundo algo en lo que él no creía y que ni
mucho menos le quitaba el sueño ya que el 21 pasó como pasan todas las mentiras.
Tenía cosas más importantes en las que pensar como en el desgraciado, ya no
estaba seguro ni siquiera de dejar salir a sus hijas con nadie, aunque esa
racha quedó en el olvido últimamente daba visos de volver a aquella lejana
paranoia.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Nochebuena roja y blanca Navidad - Segunda parte: Blanca Navidad (III)
Daddy Helms era un miserable, pero también un bicho
raro. Si hubiese sido menos inteligente, menos resentido y menos proclive a la
violencia, probablemente habría terminado viviendo en una casita en los bosques
de Maine y vendiendo árboles de Navidad de puerta en puerta a ciudadanos
compasivos. En lugar de eso, su fealdad parecía una manifestación exterior de
una malignidad moral, una corrupción que inducía a pensar que quizá su piel no
era lo peor de él. Había en su interior una rabia, una ira contra el mundo y
sus costumbres.
Todo lo que muere
John Connolly
(III)
Al día
siguiente le informaron de que el Caso Cuatro Vientos había sido resuelto. Un
día soleado que despertó con él y su esposa, la pesadilla quedó lejos de camino
a la Comisaria de Policía, aunque a veces recordaba la parte en la que su mujer
le gritaba algo que no lograba entender. ¿Qué querría decirle? ¿Le estaría
avisando de algo que estaba por llegar?
Había llegado
el día 26, los niños se quedaron jugando en casa cuando él salió del calor del
hogar hacia las diez, no le apetecía madrugar y en su puesto se lo podía
permitir. Esa noche sus nietos acabaron con las pocas fuerzas que tenía.
Después de
pasar por la cafetería Peña para tomar un café para tratar de relajarse pues el
estrés y el agotamiento iban a acabar con su corazón además de la somnolencia,
pudo saludar algunos compañeros, algunos se encontraban allí más del tiempo
permitido y gracias a estas visitas imprevistas hacía inventario de a quién
debía echar una pequeña regañina o si por el contrario era necesario poner
algún tipo de falta, e incluso si era necesario ponerle de patitas en la calle informando
a sus superiores pero ya no había tantos como en el pasado.
Al entrar en
su despacho notó que la calefacción se encontraba apagada, hacía un frío
imposible de ignorar a pesar de las capas de ropa que tenía. Encendió el ordenador
de sobremesa y miró en su correo en busca de alguna buena noticia sobre el
caso. Sólo encontró una notificación sobre otro caso. Decidió empezar el
informe del Caso de los Cuchillos:
Nº Identificación del caso: 452-13-98647
Delito: Homicidio
Victima: Luisa
Gutierrez Caín
Lugar: Camino
de Hormiguera
Afueras
de Madrid, cerca de Leganés
Fecha: 24
dic. 2012
Medio: Corte
en el cuello, apuñalamiento
Arma: Arma
blanca, cuchillo de cocina
Autor del informe. José
Enrique Ortiz, Sargento
Detalles: El 24 de diciembre de 2012 acudí en respuesta de
una llamada telefónica emitida el mismo día a las 7.15 a través del cabo
Joaquín Domínguez de Uriarte el cual me avisó entre las 7.30 y 8.00 de la noche,
sobre las 8.20 llegamos al lugar de los hechos situado sobre en el Camino de
Hormiguera cerca de Leganés ante la denuncia del homicidio.
La denunciante María Emilia Núñez salió de su domicilio a
las 7.10 aproximadamente para tirar la basura. Se dio cuenta que había un bulto
sobre la tierra cerca de un árbol. Cuando se acercó descubrió el cadáver de la
victima en el lugar del delito, declaró que inmediatamente llamó con el móvil a
la policía para avisar del suceso, que no tocó a la victima pero que estuvo
andando a su alrededor. Que la encontró con los brazos juntos sobre la cabeza y
un charco de sangre en el lado derecho de la victima. Que después se dirigió al
porche de su domicilio y esperó la llegada de los agentes de policía.
La victima fue identificada en mi presencia junto con el
cabo Joaquín Domínguez de Uriarte como Luisa Gutierrez Caín por el DNI que
situado en su cartera de piel curtida que estaba en el bolso amarillo el cual
se encontraba situado unos 20 centímetros del cuerpo. La victima se encontraba boca
arriba con las manos sobre la cabeza como nos dijo la denunciante, en el cuello
tenía un corte de unos 10 centímetros, las piernas estaban separadas y
abiertas, el cuerpo estaba a unos 10 metros de la carretera. Su cabeza estaba
con ojos y boca abiertos además de tener algún arañazo en la mejilla izquierda.
Luisa Gutiérrez Caín estaba descalza pero sus zapatos
morados de tacón estaban junto a sus pies, vestía una chaqueta larga y negra y
un vestido largo de color fucsia el cual estaba ligeramente desgarrado por la
zona del cuello. También llevaba unas gafas de pasta de color blanco y un
tocado de color verde oscuro.
Cuando la forense Olivia Martínez de Urrutia certificó la
muerte se procedió al levantamiento del cadáver acompañé al cuerpo hasta el
hospital. Observé al criminólogo y doctor John Carreras Coronado mientras
procedía con el instrumental en caso de violación.
Recogí las siguientes pruebas:
452-13-98647-P1: Cuchillo de metal de cocina ensangrentado
452-13-98647-P2: Chaqueta negra de algodón y tela sintética
452-13-98647-P3: Vestido largo fucsia/rojo de algodón
452-13-98647-P4: Zapatos morados de tacón de 5 cm
452-13-98647-P5: Gafas de pastas blancas, cristales derecho
roto
452-13-98647-P6: Bolso de plástico negro, el cual contenía
cartera con 30 euros, DNI y tarjetas de crédito y debito, móvil bloqueado con
clave pin, pintalabios, pañuelos y una pequeña libreta
452-13-98647-P7: Tocado verde oscuro de seda con hilos de
metal
452-13-98647-P8: Ropa interior verde claro de algodón
452-13-98647-P9: Peinadura de vello púbico
452-13-98647-P10: Muestra de contenido vaginal
452-13-98647-P11: Restos de unas de la victima, mano derecha
452-13-98647-P12: Restos de unas de la victima, mano
izquierda
452-13-98647-P13: Peinadura del cabello de la víctima 1,
anterior derecho
452-13-98647-P14: Peinadura del cabello de la víctima 1,
anterior izquierdo
452-13-98647-P15: Peinadura del cabello de la víctima 1,
posterior derecho
452-13-98647-P16: Peinadura del cabello de la víctima 1,
posterior izquierdo
Los polvos para detección de huellas dieron los siguientes
resultados:
Bolso de plástico negro: huellas utilizables identificadas
posteriormente como las de Luisa Gutiérrez Caín (452-13-98647-P17), gafas de
pasta blanca: huellas utilizables identificadas posteriormente como las de
Luisa Gutiérrez Caín (452-13-98647-P18). En las pruebas realizadas en la piel
de la victima no se han encontrado huellas.
Cuando terminó
el informe lo envió a los departamentos de homicidios, es decir, a sus
compañeros y al de archivo donde procederían a adjuntarlo junto con las
fotografías de las propias pruebas en espera de ser necesitados para el juicio
del sospechoso además de los otros informes de sus compañeros de homicidios. Al
comprobar su correo electrónico se dio cuenta de que le había llegado un mail
hacía diez minutos. Por lo que pudo comprobar en el asunto era el informe del
forense. Estaba cansado y decidió dejarlo para mañana.
Apagó el ordenador,
y se fue a su coche, se despidió en el camino de alguno de sus compañeros y
puso la calefacción, esa tarde helaba la sangre y las neuronas se alborotaban
en el cerebro.
Al llegar a su
casa se dio una ducha bien caliente, después se tomo una cerveza mientras veía
unos dibujos con sus sobrinos y se fue dormir. Esa noche no pudo leer por el
cansancio acumulado y el pensamiento de que ese criminal andaba suelto por las
calles de Madrid. ¿Por qué mataría alguien a esas chicas? ¿Qué mueve a alguien
a rajar el cuellos de otro y dejarla tirada en cualquier descampado? Todas
ellas tenían que tener algo en común y tendría que encontrarlo ya, mover a su equipo
para que dieran con alguna pista lo antes posible.
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